Lo que se comenta de ‘Contra la distopía’ y ‘El fracaso de lo bello’

El fracaso de lo bello y Contra la distopía llegaron a las librerías el final del año pasado. El primer ensayo proponía una nueva forma de mirar los productos culturales; de entenderlos más allá de las categorías estéticas, de superar un análisis que se conforme con decir si algo es bello o no. Allí Pablo Caldera nos invitaba a leer la ideología de las objetos culturales y la manera en la que reproducían el mundo. Contra la distopía hacía justo eso con la moda distópica: la analiza y desmonta para señalar el funcionamiento perverso de las ficciones que dibujan futuros inhabitables.

Han pasado algunos meses desde su lanzamiento y estos han sido algunos de los comentarios que la prensa ha hecho de ambos libros.

De Contra la distopía:

A lo largo del recorrido, el lector tropieza tanto con distopías célebres como con distopías desconocidas, documentos sumamente interesantes, diría que imprescindibles, para alcanzar un conocimiento de la distopía riguroso, que vaya más allá de los títulos habituales. _ Antonio García Maldonado

De El fracaso de lo bello:

Con párrafos como “La base de la estética es la distinción entre ser y efecto: una cosa es lo que los objetos —o sus representaciones— sean y otra bien distinta las sensaciones que produzcan en nosotros, y que expresamos mediante juicios” apreciamos rápidamente el calado del ensayo que tenemos ante nosotros: un texto audaz que se pasea entre las representatividades de los iconos y manifestaciones culturales que nos inundan. _Lidia Caro, en Culturplaza

Lo bello y lo feo no dicen nada por sí mismos, son conceptos-fracaso en su intento de dar cuenta de la realidad estética», sostiene Pablo Caldera con la contundencia de quien lleva ya mucho tiempo investigando en torno a la relación entre la mirada y el sistema cultural que, como él mismo dice, siempre está en frente, siendo imposible dejarlo de lado. _Anna María Iglesias

Entrevista en Ctxt.com

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Si ante lo que está estetizado, y el capitalismo es una máquina perfecta de estetización, miramos desinteresadamente dejamos de ver en las cosas su condición de producto, su origen, su ideología y la violencia que se ejerce en torno a ellas. Contra el exceso cegador de un mundo completamente estetizado, Pablo Caldera reivindica una mirada que atienda a sus sombras, sus vacíos y sus lapsus. Una mirada antiestética que vaya más allá del placer desinteresado de la contemplación que, como ya apuntó Nietzsche, solo conduce a la crueldad.

El fracaso de lo bello analiza el cansancio cultural que provoca un entorno saturado de contenido y da cuenta de la lenta muerte de la crítica. Pablo Caldera se pregunta por los espacios y la función que le queda al oficio de la crítica cultural, carcomida por la precariedad y sin margen para desligarse del ritmo que impone la industria y su incesante producción de novedades. La alternativa que propone este libro es un tipo de crítica ágil, capaz de evidenciar los puntos ciegos de la estética e identificar los síntomas de la cultura contemporánea.

Eloy Fernández Porta, claro referente de El fracaso de lo bello, escribe en el prólogo: «Ahora, cuando el Ártico se deshiela y el panorama de contemplación que nos rodea se transforma en un limbo entre lo analógico y lo digital –entre lo político y lo pospolítico–, se hace tanto más necesaria una inflexión como la que se presenta en este libro, que muestra los vacíos de la disciplina y “los espacios en blanco del gusto común”».

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Vivimos tiempos distópicos. Cada día aparecen nuevos best-sellers y blockbusters empeñados en dibujar futuros atroces. Su éxito sin precedentes se suma al de ciertos discursos científicos, políticos y filosóficos afianzados alrededor del miedo. El diagnóstico que ofrecen proyecta un horizonte sin alternativas donde resulta más sencillo imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.

Con una prosa ágil y cáustica, Contra la distopía destapa las inconsistencias teóricas y contraindicaciones prácticas de las narraciones distópicas fabricadas por el cine y la literatura. Muestra cómo su multiplicación actual no está exenta de ideología sino que juega a favor del orden imperante al incentivar la desmovilización y el derrotismo o la adopción de activismos defensivos, limitados a la queja y la denuncia. Hasta las obras que escenifican revoluciones populares esconden, casi siempre, un fondo conservador.

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