Contra la distopía

Vivimos tiempos distópicos. Cada día aparecen nuevos best-sellers y blockbusters empeñados en dibujar futuros atroces. Su éxito sin precedentes se suma al de ciertos discursos científicos, políticos y filosóficos afianzados alrededor del miedo. El diagnóstico que ofrecen proyecta un horizonte sin alternativas donde resulta más sencillo imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.

Con una prosa ágil y cáustica, Contra la distopía destapa las inconsistencias teóricas y contraindicaciones prácticas de las narraciones distópicas fabricadas por el cine y la literatura. Muestra cómo su multiplicación actual no está exenta de ideología sino que juega a favor del orden imperante al incentivar la desmovilización y el derrotismo o la adopción de activismos defensivos, limitados a la queja y la denuncia. Hasta las obras que escenifican revoluciones populares esconden, casi siempre, un fondo conservador.

Francisco Martorell Campos ha firmado el primer libro consagrado específicamente a cuestionar la distopía. En sus páginas asoma una original guía introductoria a este género de moda que recorre sus principales escuelas, temáticas y clichés. El viaje va de los textos fundadores a hitos contemporáneos como Matrix y V de Vendetta. De las rarezas más desconocidas a Los juegos del hambre, El cuento de la criada y Black Mirror. De los clásicos de Orwell, Huxley y Bradbury a las distopías reaccionarias escritas en la Segunda República. Martorell suministra herramientas para seguir disfrutando de la distopía, pero ahora con mirada crítica e informada. Su conclusión es clara: solo conseguiremos una sociedad distinta y mejor si complementamos las historias inspiradas en nuestros temores con historias inspiradas en nuestros deseos.

Primera edición: octubre de 2021
Género: ensayo, crítica cultural
ISBN: 978-84-17496-54-8
PVP: 17,5€
Formato: 14 x 21 cm. | rústica con solapas
Páginas: 256

Los herejes de Distopiland odian las falsas esperanzas con las mismas energías que las falsas desesperanzas. Piensan que no hace falta tener fe en un porvenir angelical para creer que lo venidero podría ser razonablemente mejor que el presente si actuáramos en consecuencia y tomáramos las decisiones correctas. Tal y como lo ven, sentenciar que ya estamos condenados supone hacerle el juego a lo establecido, darse por derrotado de antemano, optar por la posición más cómoda. Asumen y saben que la actualidad rebosa de fenómenos inmundos y amenazas más que graves. Fenómenos y amenazas que no invitan al optimismo. Pero como no son optimistas (los hay que arrastran un sentimiento trágico de la vida incurable), se niegan a dar el brazo a torcer.