El fracaso de lo bello

Lo bello está siempre enfrente, en todas partes, a todas horas. Se extiende sobre los cuerpos, el ocio y las pantallas hasta saturar nuestro campo de visión. Lo buscamos con avidez y lo encontramos como una segunda piel que define nuestra forma de relacionarnos con lo real. Contra el exceso cegador de un mundo completamente estetizado, Pablo Caldera reivindica una mirada que atienda a sus sombras, sus vacíos y sus lapsus. Una mirada antiestética.
El fracaso de lo bello da cuenta de la lenta muerte de una crítica carcomida por la precariedad y sin margen para desligarse del ritmo que impone la industria y su incesante producción de novedades. La alternativa que propone este libro es un tipo de crítica ágil, capaz de evidenciar los puntos ciegos de la estética e identificar los síntomas de la cultura contemporánea. Audaz como para ver la ideología que esconde un osito de peluche o detectar en el nuevo cine cruel un tipo de espectador que percibe la violencia sin implicarse en ella.
Con una prosa imaginativa, híbrida entre la teoría, la sátira y la fabulación, Pablo Caldera da forma a un ensayo fundacional que revitaliza la manera de pensar y escribir sobre el arte y el cine.

«Ahora, cuando el Ártico se deshiela y el panorama de contemplación que nos rodea se transforma en un limbo entre lo analógico y lo digital –entre lo político y lo pospolítico–, se hace tanto más necesaria una inflexión como la que se presenta en este libro, que muestra los vacíos de la disciplina y “los espacios en blanco del gusto común”». _Eloy Fernández Porta

Primera edición: noviembre de 2021
Género: ensayo, crítica cultural
ISBN: 978-84-17496-55-5
PVP: 16,5€
Formato: 14 x 21 cm. | rústica con solapas
Páginas: 176

Las imágenes son peligrosas, por eso se censuran. Son manipulables, por eso se pervierten. Son industriales y por eso se mercantilizan. Pero ninguna de estas cuestiones importa realmente a nivel teórico –a nivel práctico, la censura, la manipulación y la mercantilización son los tres sostenes del poder mediático–. No tiene sentido discutir la censura sin afrontar cuestiones de mercado, o juzgar la manipulación sin estudiar sus razones y sus fundamentos epistémicos; y, sin embargo, las tres cuestiones, por separado, concentran todo el foco de preocupación sobre la imagen contemporánea. Cuando nos preguntamos por las fake news o por las imágenes de guerra –el 11M, el cuerpo de Bin Laden–, en realidad estamos acudiendo al histórico problema de la verdad.