Después de lo trans

Hasta el coño de lo trans. Así está Elizabeth Duval. Cansada de ser la jovencísima activista antes que la escritora o la filósofa. Está harta y de ese mismo aborrecimiento nace la rabia que mueve este libro, el último de sus esfuerzos para desprenderse del sambenito de lo trans. Pero esto no es una autoficción ni mucho menos un panfleto que pueda repetirse sin digerir. Después de lo trans es un ensayo visceral y ambicioso que acierta en la médula de las guerras culturales e identitarias de nuestro siglo.

La autora planea sobre lo trans para mirarlo desde la ciencia, la sociología, la estética y la filosofía. Busca su significado y detecta sus límites. ¿Qué es? ¿Un colectivo, un adjetivo, un proceso de asimilación o la vía hacia una utopía sin género? Con una crítica implacable y una prosa afiladísima, Duval analiza estas cuestiones y su utilidad para dar cuenta de la realidad diversa e incongruente de lo trans. Elizabeth Duval emprende en estas páginas un tour de force intelectual que atraviesa la socialización de género y la noción de autodeterminación. Que analiza la conflictiva relación entre el transactivismo y el feminismo transexcluyente. Que toma posición entre la izquierda cultural y la izquierda neomaterialista. Que atiende a la representación de lo trans en la ficción a través de Veneno. Que se enfrenta a la obra de Paul B. Preciado y a los constantes intentos de legislación. Y, con todo, elabora una obra que no titubea al ofrecer un horizonte colectivo donde quepan la justicia, el amor y los afectos.

Prefacio a la segunda edición.

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Primera edición: marzo de 2021
Segunda edición: marzo de 2021
Género: ensayo
ISBN: 978-84-17496-49-4 (primera edición)
978-84-17496-52-4 (segunda edición)
PVP: 18€
Formato: 14 x 21 cm. | rústica con solapas
Páginas: 292

Vamos a tomar como nociones de debate los conceptos de lo trans, de la clase, de la mujer, y vamos a hacer el muy abstracto e incluso tremendamente peligroso ejercicio de debatir con los fundamentos mismos que sustentan vidas, que padecen sufrimientos. Debatiremos empleando aquello que para algunas personas, y con razón, pues es imposible negar su dolor, no es debatible: su vida misma, su existencia. Lo haré con el respeto de quien comparte ciertos rasgos comunes, ciertas similitudes, pero eso no me exime de la torpeza, y no me exculpa: lo haré igualmente. Habrá quienes consideren que abrir esos debates es cruzar una línea roja: ya he explicitado por qué son necesarios; si no tocara esas teclas, no habría libro, no tendría un ensayo, sino que solo podría elaborar un panfleto. Y los panfletos no me interesan.