La destrucción de la memoria

Traducción de David Guinart Palomares

Una mirada cultural a la guerra.

Dresde, Guernica, Vukovar, Sarajevo. Tíbet, Mostar, las Torres Gemelas, Palmira. La destrucción de la memoria propone un aterrador viaje por una serie de guerras y con­flictos en los que la aniquilación de iconos arquitectónicos ha ejercido un papel fundamental. Desde la destrucción de las ciudades aztecas por parte de Hernán Cortés hasta los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial; desde el genocidio armenio hasta la guerra en la antigua Yugosla­via, el terrorismo del IRA o los ataques del yihadismo con­tra monumentos emblemáticos.

En este profundo ensayo, que combina erudición con testimonios de primera mano recogidos sobre el terreno, Robert Bevan expone la guerra cultural que se libra detrás de la demolición del patrimonio. Su objetivo es extermi­nar a un pueblo, erradicar la memoria de su cultura y, en última instancia, borrar el recuerdo su misma existencia. Es el llamado urbicidio.

Lo sabían los babilonios que destruyeron el Templo de Salomón en Jerusalén. Lo sabían los nazis que quemaron las sinagogas. O los guardias rojos de Mao que arrasaron miles de monasterios budistas del Tíbet: lejos de ser un daño colateral, la destrucción de bienes culturales y edi­ficios simbólicos constituye un acto deliberado de guerra. Un ataque para destruir la memoria, para liquidar una cultura, para enterrar a un pueblo.

 

«El mensaje de este libro desolador de Robert Bevan es que la guerra va tanto de asesinar culturas, identidades y recuerdos como de matar a personas y ocupar territorios».

The Sunday Times

«Su narrativa es cautivadora y convincente. Toda persona concienciada debería leer este libro y extraer sus lecciones».

The Independent

Primera edición: enero de 2019
Colección: Caja Alta
Género: ensayo
ISBN: 978-84-17496-18-0
PVP: 24,90 €
Formato: 14 x 21 cm. | rústica con solapas
Páginas: 390

Una mujer que recuerda cómo, cuando era una adolescente musulmana en Mostar, todo el mundo salió a la superficie, después de haber permanecido refugiado de los bombardeos en sótanos durante diez meses, para llorar la destrucción del viejo puente; o la mujer de Dubrovnik que recuerda los momentos posteriores a un feroz ataque aéreo sobre su ciudad como el momento más triste de su vida. Es la misma tristeza que sintieron los afganos tras el aniquilamiento de los budas de Bamiyán por parte de los talibanes, los niños que me llevaban de la mano a ver los monumentos bombardeados en Nablus o los supervivientes del Holocausto que vieron a sus familias y sus sinagogas perecer.