El mal del chamán

Traducción de Ernesto Rubio y Agata Orzeszek

Hay en Siberia quien dice tener visiones del pasado y charlas con demonios que hablan de la guerra y del gulag. Presencias que arrastran hasta los abismos de la Historia y de mundos que ni conocemos. Ocurre siempre después de un trauma, de una grave enfermedad o tras el delirio blanco que desata el vodka. Donde los psiquiatras de la ciudad diagnostican un claro cuadro de esquizofrenia, la gente de la taiga, más al norte, reconoce el mal del chamán.

Jacek Hugo-Bader viaja hasta los confines helados de Siberia para asomarse al vacío que dejó la fe comunista. Al retorno de un pueblo a una identidad anterior, previa al País de los Sóviets y basada en la magia y el animismo. Hoy en Rusia hay más chamanes, brujos y trabajadores extrasensoriales registrados que médicos colegiados. Y el jefe de prensa del presidente exhibe sin complejos amuletos chamánicos para protegerse del virus.

Hugo-Bader recorre la frontera que separa la credulidad del escepticismo. En este viaje ha escuchado hablar de los tres chamanes que protegían Stalingrado desde un avión militar durante la Gran Guerra Patria. Ha buscado a los herederos de Savéi, el chamán más poderoso de los siglos XX y XXI. Ha consultado a académicos que abjuraban del método científico y hasta ha caminado junto a Aleksandr, el Forrest Gump yakutio que avanza hacia Moscú decidido a derrocar a la serpiente alada que habita en el Kremlin y que no es otro que Vladímir Vladímirovich Putin.

«Lo que la Nobel bielorrusa Svetlana Alexiévich consigue con su grabadora, Hugo-Bader lo tritura con su verbo ágil, sus preguntas molestas y su capacidad para empatizar con los entrevistados y beber hasta tumbarlos» _ J.C. Galindo, El País

Ebook disponible en Casa del Libro  | Kobo | Kindle

Primera edición: febrero de 2022
Colección: Caja Alta
Género: reportaje narrativo
ISBN: 978-84-17496-59-3
PVP: 21,9 €
Formato: 14 x 21 cm. | rústica con solapas
Páginas: 360

La palabra chamanear ha entrado en la lengua hablada a lo largo y ancho de toda Rusia y significa lo mismo que timar, inventar, mentir, engañar, embaucar, des-variar… Así que coloco a Aleksandr entre la espada y la pared y le pregunto sin ro-deos si existe el mundo de los espíritus. Él se encoge, se contorsiona y finalmente se retuerce como el diablo antes de saltar al agua bendita y me dice que es un hombre soviético, un materialista, encima marxis-ta, antiguo miembro del Komsomol, que no cree en Dios ni en el diablo, pero… Pero que el mundo de los espíritus existe. Se los ha encontrado muchas veces, ha volado con ellos a otros mundos.

La traducción de esta obra ha
recibido una ayuda del Ministerio de
Cultura y Deporte de España