El libro de los venenos: las drogas de la A a la Z

En enero de 1988, Antonio Escohotado es condenado a dos años y un día de cárcel por hacer de intermediario en una venta de cocaína en la que participó coaccionado por los mismos policías que le terminaron deteniendo. Cumplió sus meses en régimen de aislamiento, acompañado tan solo por un ordenador Amstrad y dos maletas repletas de fichas bibliográficas y apuntes. Allí escribió su monumental tratado sobre las drogas. Más de mil quinientas páginas en tres volúmenes. Sin duda, la obra más importante escrita hasta la fecha sobre los fármacos y la tensa relación que desde la Antigüedad los ha unido a la economía, la política, la medicina, la sociedad y la religión. El trabajo teórico fue completado con su reverso práctico: Aprendiendo sobre las drogas. Una obra en la que explicaba minuciosamente la posología, los riesgos y los usos recomendables de las sustancias más consumidas y en la que vertía todo el conocimiento adquirido con la experimentación en sus propias carnes a lo largo de los años.

El libro de los venenos recoge tanto la voluntad de contar el pasado de los fármacos como la de ofrecer información útil sobre sus usos y abusos. De la A a la Z y a través de una selección de fragmentos de la obra de Escohotado, este libro recorre la historia y sus conceptos. Los hongos que se tomaban en los misterios helénicos a los que acudieron Platón, Aristóteles, Cicerón o Adriano. La ola prohibicionista orquestada por los Estados Unidos durante el siglo XX. La relación que literatos como Edgar Allan Poe o Baudelaire tuvieron con el hachís o el opio. Los márgenes de seguridad, la toxicidad y la posología de sustancias como el alcohol, la cocaína, la LSD o la MDMA.

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Primera edición: septiembre de 2022
Género: ensayo
ISBN: 978-84-17496-67-8
PVP: 19,5€
Formato: 14 x 21 cm. | rústica con solapas
Páginas: 330

Phármakon era una sustancia que compren­de a la vez el remedio y el veneno; no una cosa u otra, sino ambas a la vez. Como dijo Paracelso, «solo la dosis hace de algo un veneno». En el primer tratado de botánica científica, un discípulo de Aristóteles lo expresaba diáfanamente a propósito de la Datura metel, cuando graduaba cantidades en función del efecto buscado: «Se adminis­tra una dracma si el paciente debe simplemente animarse y pensar bien de sí mismo; el doble de esa dosis si debe delirar y sufrir aluci­naciones; el triple si debe quedar permanentemente loco; se admi­nistra una dosis cuádruple si el hombre debe ser muerto».

Del concepto científico apenas quedan hoy vestigios. Oímos hablar de drogas buenas y malas, drogas y medicinas, sustancias decentes e indecentes, venenos del alma y curalotodos, fármacos delictivos y fármacos curativos. El específico efecto de cada com­puesto es ignorado, y sobre esa ignorancia recaen consideraciones extrañas por completo a la acción de unos y otros.