En el valle del paraíso, de Jacek Hugo-Bader

Ya está en las librerías  En el valle del paraíso, de Jacek Hugo-BaderUn libro en el que narra los viajes que realizó durante los años noventa a Rusia, al corazón del imperio, pero también a algunos de los territorios desmembrados de la URSS: Crimea, Chechenia, Kirguistán o Kazajistán.

La valía de Hugo-Bader como reportero experto del mundo ruso está hoy más que probada por el éxito de sus libros -en España, El delirio blanco (Dioptrías) y Diarios de Kolimá (La Caja Books)-, traducidos a múltiples idiomas y merecedores de premios como el Grand Presse, el de la Asociación de Periodistas de Polonia o el prestigioso English Pen Award. No en vano, ha sido considerado en numerosas ocasiones como uno de los más firmes herederos del maestro Ryszard Kapuściński. No obstante, su carrera como reportero tiene algo de fortuita.

Hugo-Bader era profesor de historia cuando le despidieron por su afinidad al sindicato Solidarność, un grupo perseguido durante la ley marcial de 1981. Tras aquello fue consejero matrimonial, pesó cerdos, cargó trenes y recolectó arándanos hasta que en 1990 acudió a una entrevista de trabajo en la que se buscaban periodistas. Al otro lado de la mesa, estaba Roman Kurkiewicz, el editor del recién fundado Gazeta Wyborzca, un medio que no tardaría en convertirse en una referencia mundial del reportaje gracias a su semanario Magazyn.

Hugo-Bader comenzó escribiendo sobre Polonia, pero Kurkiewicz le encargó una pieza sobre el rifle más letal del siglo XX: el Kalashnikov. Sin saber ruso y con la esperanza de penetrar el denso muro de la burocracia rusa, viajó hasta Izhevsk, una ciudad que permaneció cerrada a cal y canto hasta 1991, para entrevistar a Mijaíl Timoféyevich Kaláshnikov, su insigne diseñador. Un mito viviente que, como todo mito, sintetiza el mundo en el que ha sido forjado: «Un ejemplo ruinoso de la antigua URSS. Se han fabricado más de 450 millones de rifles y Mijail vive como un funcionario y con más medallas que comodidades.»

Así da comienzo una odisea literaria y periodística que aún perdura. Hugo-Bader da cuenta de un fenómeno histórico excepcional: el desmoronamiento de una de las potencias del siglo XX. «Tuve la suerte de presenciar la caída de un imperio, y ha habido pocos imperios en la humanidad», dice a menudo cuando le preguntan por su fijación por Rusia y la Unión Soviética. Entre sus escombros anida la nostalgia de la utopía comunista, la añoranza por la grandeza perdida y la suspicacia ante un capitalismo pujante que lo promete todo y consuela con poco.

Más sobre el libro

 

Érase una vez un imperio por cuyos valles corrían ríos de leche y miel. Donde el progreso hacía soñar con delirios espaciales y utopías terrenales. Donde la carne de los Camaradas no perecía jamás. Un Edén de espino y hormigón que sucumbió a los envites de la historia. Entre sus ruinas hay fosas cavadas en el permafrost, montañas radioactivas y submarinos en el fondo del mar.
Hace treinta años, Jacek Hugo-Bader emprendió una odisea periodística que aún perdura: auscultar los adentros del alma soviética. En el valle del paraísoes un recorrido por el territorio incierto de la memoria de aquellos que vivieron al otro lado del telón de acero. Una década de crónicas, reportajes y viajes que descubren entre sus vestigios la sombra de una nostalgia que conserva el cadáver de un imperio en descomposición.
Hugo-Bader se ha sentado a hablar y a beber con los hijos de un orden ya antiguo. Ha brindado con héroes de otro siglo, soldados mutilados con el pecho cargado de insignias de un país perdido y coroneles que pintan cuadros melancólicos. Ha hecho de confesor a los diseñadores de la bomba atómica soviética y a las cosmonautas que no rozaron el cielo porque no pertenecían al Partido. Ha visto crecer el músculo de la mafia rusa en los sótanos de Liúbertsi. Y hasta ha hecho enfadar a Mijaíl Kaláshnikov, el inventor de la inmortal AK-47

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