Animales de razas pequeñas. Antología de narrativa breve polaca
_ Xavier Farré (ed.)
Prólogo de Patricia Esteban Erlés
Traducción de Katarzyna Mołoniewicz, Teresa Benítez, Marta Słyk, Xavier Farré, Abel Murcia, Agata Orzeszek y Ernesto Rubio.
Estos relatos y cuentos son animales de razas pequeñas. Criaturas ágiles de la literatura capaces de levantar todo un mundo de ficción en pocas páginas. Seres vulnerables y, por ello, especialmente atentos a la voracidad que los amenaza. Fantásticos, híbridos, quiméricos. Su arquitectura es sutil como el esqueleto de un gorrión, pero su canto mueve en el aire la memoria en extinción de los territorios rurales, la violencia oculta en los álbumes familiares, la fragilidad de quienes están a punto de quebrarse por la ansiedad y la depresión.
En esta antología están reunidos dieciséis de los mejores autores jóvenes de narrativa breve polaca, la mayoría de ellos inéditos hasta la fecha en España. Herederos de Olga Tokarczuk, Witold Gombrowicz o Sławomir Mrożek, son la prueba incontestable de la gran salud de la que goza el género en el país. Ellos son Anna Arno, Grzegorz Bogdał, Olga Hund, Maria Karpińska, Dorota Kotas, Elżbieta Łapczyńska, Maciej Miłkowski, Weronika Murek, Andrzej Muszyński, Zośka Papużanka, Margo Rejmer, Dominika Słowik, Paweł Sołtys, Natalka Suszczyńska, Katarzyna Szaulińska y Aleksandra Zielińska.
«Por experiencia propia, recomiendo mucha prudencia a quien se acerque a estas criaturas. Hace días que concluí su lectura y todavía, a ratos, de improviso, me asaltan algunos pasajes como la herida que provoca en la piel una fina dentellada» _ Patricia Esteban Erlés, en el prólogo.
Apócrifas
_ Lola Nieto
En estos relatos lo humano se desvanece. El lenguaje se descubre como un parásito alienígena que coloniza la imaginación de pintoras visionarias, niñas trastornadas y escritoras místicas. La única lingua franca que comparten los seres de Apócrifas es el dolor que recorre sus organismos viscosos, sus figuras mutiladas, sus cuerpos que devienen gatas, serpientes, arañas, ballenas. Ese dolor atraviesa el tiempo y el espacio. Alimenta las piras inquisitoriales en las que arde una beguina del siglo XIII, los ritos atemporales que las mujeres Wa llevan a cabo en las profundidades del cosmos, la ofrenda de una siamesa para que su hermana viva, el encierro de las idols de un grupo de k-pop en un Seúl distópico, la expiación de una madre que se somete a un ente fúngico porque no soporta la pérdida de su hija, los sueños de una niña que alberga en su pecho dos corazones.
La prosa de Lola Nieto transita los límites de lo extraño, lo mítico, la ciencia ficción y el horror corporal; se nutre de las voces de Hilma af Klint, Emily Dickinson y Hadewijch de Amberes, e indaga en las fuentes de las filosofías hindú y budista. Con todo ello teje un mundo en el que las historias se conectan y se ensamblan como los nodos de una vastísima telaraña. Cada relato es una forma de sacrificio, un escenario apocalíptico y un ensayo sobre las posibilidades del lenguaje como dispositivo lúdico, como geografía emocional, como invitación al enmudecimiento.
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«Los libros de Lola Nieto son hermosos, extraños, radicales»
_ Raúl Quinto
«Leer a Lola Nieto es un goce. Sus cuerpos pivotan entre la poesía y el mito, lo fantástico y lo distópico, pera construir una escritura que sabe apreciar la belleza de lo extraño» _ Mónica Ojeda
Cuerpos de hojaldre
_ Sara Navarro Rioboó
En estos cuentos todo está al borde de quebrarse: los vínculos, la memoria, la voluntad, los cuerpos. Sus personajes viven asediados por el hambre, los insectos y el malestar. Deliran, se devoran unos a otros con ferocidad. Es ahí, en ese territorio extraño, donde habitan las hermanas siamesas que se disputan los órganos recibidos al nacer. Las mascotas que susurran a sus dueños en la duermevela. Las enfermedades que se heredan de madre a hija como una maldición. Los cuerpos de ocho piernas y varias lenguas que bailan por el deseo de los otros. Los adolescentes desquiciados por las conspiraciones, las leyendas populares y los fantasmas del antropoceno.
Con una prosa lúdica que huye de la solemnidad, pero con imágenes poderosísimas y perturbadoras capaces de llegar al tuétano del lector, Sara Navarro Rioboó desarma la idea de normalidad y convierte lo cotidiano en un escenario horroroso y patético en el que las líneas que separan la ternura de la crueldad y el amor de la dependencia se han borrado. Cuerpos de hojaldre es heredero de una tradición visceral del cuento sostenida por autoras como Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Mónica Ojeda o Pilar Adón. En sus páginas puede escucharse el latido oscuro de una de las cuentistas más talentosas de su generación.
«Estos cuentos son ventanas a lo más perturbador de nuestra intimidad. Afilados, retorcidos y brillantes: algunas de sus imágenes no saldrán nunca más de mi cabeza» _ Mónica Ojeda
«Aquí los cuerpos se deshacen como capas de hojaldre: crujen, se parten, se multiplican. Entre lo íntimo y lo feroz, Sara Navarro Rioboó revela la cara más cotidianamente extraña de nuestra anatomía» _ Carla Nyman
El peso de la piel
_ Margo Rejmer
Traducción de Agata Orzeszek y Ernesto Rubio
En El peso de la piel adquieren pleno sentido aquellas palabras que Italo Calvino escribió sobre los cuentos de hadas: son reales. Y lo son porque bajo el pelaje de los monstruos y en todo aquello que se pierde en las metamorfosis se halla también un conocimiento fantástico, antiguo y eterno. En estos diez relatos, Margo Rejmer vuelve a Albania, a Kosovo y a Polonia para narrar todo lo que la crónica y el reportaje no alcanzan a desvelar. El horror grasiento que se adhiere a las paredes de la casa familiar; los traumas acallados de la guerra; la huella espectral y persistente de un régimen opresor.
Con una prosa lírica, siniestra y sensual, Rejmer nos adentra en un territorio onírico donde los secretos afloran como criaturas salvajes, los sentidos se desbordan y el dolor hace trizas los contornos de lo real. Allí un zorro reconoce a una mujer que cruza la frontera para abortar. Una joven se pierde en el laberinto de deseo y violencia de la madriguera digital. Un extraño olor nauseabundo persigue a una traductora como una maldición que solo ella percibe. En ese lugar colmado de símbolos, los niños maltratados devienen pájaros o peces, y los perros encarnan el legado oscuro de los padres muertos. En estas fábulas feroces y alucinadas, la herida no se explica. Se baila. Se respira. Se hereda como una lengua sin gramática.
«Margo Rejmer rescata la memoria antes de que se diluya»_Marta Rebón, El País
«Margo Rejmer desciende del linaje literario de Herta Muller y Svetlana Alexievich»_Nina Herzog, Los Angeles Review of Books
