La Ilíada en maillot

La épica del Tour jamás soñado.

La épica es la música que arrulla a la gran epopeya ciclista. Cada verano, como hizo Homero en la Ilíada, el periodista Carlos Arribas se afana en narrar las gestas del Tour. «Son crónicas de batallas y guerreros. De dramas que no nacen del resultado, que al final es secundario, una consecuencia sin más, sino del valor, de la cobardía, de las dudas todas de los personajes», escribe el autor con la mirada puesta en Shakespeare.

Este libro reúne por primera vez las mejores crónicas del Tour publicadas por Carlos Arribas en El País. Y lo hace de la manera más épica: recreando un Tour imposible conformado por veintiuna etapas, todas ellas de montaña, con 86 puertos en el itinerario. Un Tour disputado por corredores de épocas diversas, de Pantani a Froome, por todas las cimas que extasían al aficionado: Tourmalet, Puy de Dôme, Galibier, Mont Ventoux, Luz-Ardiden, Alpe d’Huez, Croix de Fer, Madeleine… Son los lugares de la batalla, allí donde se cruzan la gloria, el honor, el regreso, la furia, el destino: el trasfondo perfecto para la Ilíada que cada verano, a la hora de la siesta, se asoma al televisor.

Con prefacio de Paco Cerdà.

Primera edición: septiembre de 2018
ISBN: 978-84-17496-10-4
PVP: 13,90 €
Formato: 14 x 21 cm. | rústica con solapas
Páginas: 160

En el Anboto, en Vizcaya, quien quiere dar gracias a la madre naturaleza por haber superado un mal trance, o quien quiere contar con su ayuda antes de iniciar una aventura que teme audaz, se pasa por el balcón de Mari, la cueva en que reside la madre, quien casi siempre accede con dulzura a las peticiones. En el Izoard, desde los tiempos de Coppi, aquel que, como escribe Buzzati, sin ser ni gélido ni cruel, hizo sentirse a Bartali un ciclista perseguido por los dioses, y, más aún, desde los tiempos de Bobet, el primer campeón francés de la posguerra, una orden debe ser respetada: los campeones deben pasar solos por la Casse Déserte, el paraje desolado, lunar, que indica a los ciclistas que han llegado a los 2 000 metros, que se acabó la vegetación humanitaria, la sombra agradable de los árboles, los arroyos cantarines, que por delante solo esperan dolor y sufrimiento.