Se necesitan héroes

La fascinación estética del dolor.

«Se necesitan héroes», invocaba el diario L’Auto en las primeras ediciones del Tour. A ese componente de heroísmo, y a la fascinación que despiertan los «forzados de la carretera», se consagran los dos textos que componen este volumen. En La estética del dolor, Priscila Lessa lanza una original mirada estética sobre el ciclismo: sobre los cuerpos de los corredores, su delgadez extrema, el sufrimiento corporal, los rituales del dolor. También recrea los orígenes populares de la bicicleta y las connotaciones patrióticas e identitarias del Tour.

En Tourmalet, una obra de teatro de mimbres épicos, Miguel Ferrando Rocher sube a escena a tres leyendas: Luis Ocaña, el hombre de la ambición desmesurada, siempre azorado por la sombra de Merckx; Raymond Poulidor, el eterno segundo que, a pesar de sus ocho podios, no logró vestir ni un día el maillot amarillo; y Gino  Bartali, un icono del régimen de Mussolini que, en secreto, ejerció un papel clave para salvar de la muerte a cientos de judíos. Y todo ello para hablar de la vida, tan dura a veces como las rampas del Tourmalet.

Prólogo de Guillermo Ortiz.

Primera edición: septiembre de 2018
ISBN: 978-84-17496-10-4
Género: Ensayo/Teatro
PVP: 13,90 €
Formato: 14 x 21 cm. | rústica con solapas
Páginas: 160

[Poulidor] Año 1974, a mis treinta y ocho años vuelvo a ser, de nuevo, segundo en el Tour. Había subido siete veces al cajón de París, pero nunca me había vestido de amarillo. Ni un día de carrera. ¿Saben? Les mentiría si les dijera que no deseaba ganar. Lo deseaba con toda mi alma. No me dejé la vida en todas aquellas carreteras para ver cómo siempre alguien pasaba por delante de mí. Llevándose la gloria que me correspondía. Al menos por una vez debía ser yo. Solo una. Última carrera del año. Mundial de fondo en carretera. (Silencio). Segundo. Otra vez segundo. ¿Qué otra posición, si no? Al año siguiente, ya con treinta y nueve años, quedo en la posición… diecinueve en el Tour de Francia. No era ninguna derrota a los treinta y nueve años, pero ya no era el segundo. Yo quería ser segundo. Qué menos. Aquella debía ser mi posición. Si perdía tenía que hacerlo bien. Perder y ser segundo es honroso. Perder y ser el decimonoveno… Sabía que debía retirarme. Otro año más. Ya tengo cuarenta. (Silencio. pou-pou fija la mirada en un punto infinito. Se quita la gorra. Se habla a sí mismo). ¿Puedes hacerlo una vez más? ¿Puedes llegar a subirte a ese cajón? ¿Puedes ganar?