Mercy, Mary, Patty

Traducción de Palmira Feixas

Abrazar a tus secuestradores como forma de empoderamiento.

En febrero de 1974, Patricia Hearst, nieta del célebre magnate de la prensa William Randolph Hearst, es secuestrada por un grupúsculo armado anticapitalista al que ella enseguida se suma para estupefacción de las élites americanas. La profesora Gene Neveva recibe el encargo de elaborar un informe para el abogado de Patricia Hearst, cuyo juicio está a punto de empezar en San Francisco. Su tesis doctoral investiga las vidas de otras estadounidenses rebeldes, como Mercy Short y Mary Jemison, que abandonaron a sus familias de origen y prefirieron ir con los nativos amerindios en los siglos XVII y XVIII. A Gene la ayudará con la abultada documentación sobre el caso la joven y tímida Violaine, quien sospecha que en Patty Hearst hay mucho más que un lavado de cerebro. En esta deslumbrante y polifónica novela, que alterna un icono real de la story americana con dos personajes ficticios, Lola Lafon indaga en el proceso de metamorfosis identitaria. Ese momento de elección radical de las mujeres libres que, al abandonar el ancho camino impuesto a la masa, se atreven a internarse por los vericuetos prohibidos.

Primera edición: octubre de 2019
Colección: Caja Alta
Género: novela
ISBN: 978-84-17496-26-5
PVP: 17,90 €
Formato: 14 x 21 cm. | rústica con solapas
Páginas: 250

Me gustaría empezar precisando que yo misma he escrito lo que voy a decir. Es lo que siento. Nunca me han obligado a decir nada en las cintas. No me han hecho ningún lavado de cerebro, no me han drogado, ni torturado, ni hipnotizado. Mamá, papá, me gustaría empezar por vuestros pseudoesfuerzos para garantizar mi seguridad: vuestras donaciones eran una impostura. Intentasteis engañar a la gente. Jugasteis, tratasteis de ganar tiempo, y el FBI lo utilizó para procurar asesinarme, a mí y a los miembros del SLA. Asegurasteis que habíais hecho todo lo que estaba a vuestro alcance con el fin de que me liberaran. Vuestras traiciones me enseñaron mucho, y, en cierto sentido, os lo agradezco. He cambiado; he madurado. He tomado conciencia de un montón de cosas y ya no podría volver a mi vida de antes; parece duro, pero, al contrario, he aprendido qué es el amor incondicional por aquellos y aquellas que me rodean, el amor que viene de la certeza de que nadie será libre hasta que todos seamos libres.